Los collares de ámbar son peligrosos, no hay vuelta atrás. Acá te voy a contar lo que la publicidad promete… y lo que la evidencia dice. Hay cosas “de moda” en maternidad que parecen inofensivas. El collar de ámbar es una de ellas. Promete alivio para la dentición, energía positiva y mil beneficios más. Pero cuando miramos la evidencia y los riesgos reales, la historia cambia bastante: son MUY peligrosos.
¿Qué prometen los collares de ámbar?
Suelen venderlos con estas ideas:
- “Alivia el dolor de la dentición”.
- “Libera ácido succínico, que es antiinflamatorio”.
- “Es natural, así que es seguro”.
Suena lindo. El problema: no hay evidencia científica sólida que demuestre que un collar de ámbar, usado en el cuello de un bebé, alivie el dolor de la dentición más que un chupete frío, un mordillo o un analgésico indicado por el pediatra.
No hay estudios de calidad que avalen esos supuestos efectos analgésicos por contacto con la piel.
El riesgo más grande: asfixia y estrangulamiento
Acá no hay discusión. Para pediatras, sociedades médicas y organizaciones de seguridad infantil, el riesgo es claro:
- El collar puede engancharse en la cuna, en el cochecito, en una manta o en un juguete.
- El bebé puede quedar atrapado y sufrir estrangulamiento.
- El hilo puede cortarse y las cuentas pueden convertirse en un riesgo de atragantamiento (no importa que estén atadas independientemente, hace falta una para un atragantamiento).
Muchos organismos de seguridad infantil recomiendan directamente no usar collares, ni cadenas, ni nada alrededor del cuello de bebés y niños pequeños, salvo por indicación médica específica y supervisada.

“Pero mi bebé lo usó y nunca pasó nada…”
Esta frase aparece mucho. Y es entendible.
Que nada haya pasado no significa que fuera seguro; solo significa que tuviste suerte. Es el mismo discruso que decir üna vez crucé la ruta con los ojos cerrados y no me pasó nada”, es un peligro igual, tuviste suerte.
Con la seguridad infantil el enfoque es otro:
- Si el riesgo es grave (asfixia, estrangulamiento, muerte súbita).
- Y el beneficio es dudoso o no comprobado.
Entonces no vale la pena. No hace falta esperar a que haya “muchos casos” para tomar una decisión más segura en casa.
¿Y el famoso ácido succínico?
La teoría del marketing dice que el ámbar, en contacto con la piel del bebé, libera una sustancia llamada ácido succínico que tendría efectos antiinflamatorios.
Problemas de esa teoría:
- La cantidad que podría liberarse por contacto con la piel es dudosa.
- No hay evidencia robusta de que eso pase en condiciones reales de uso (si .
- Tampoco hay pruebas fiables de que, usado así, tenga un efecto clínico sobre el dolor de dentición.
En ciencia, “suena lógico” no alcanza. Hacen falta estudios bien diseñados. Y hoy no los hay para recomendar estos collares como tratamiento. Acá pueden leer un artículo científico sobre el tema.
Si los collares de ámbar son peligrosos… ¿Qué podemos usar en casa?
Acá viene la parte útil, la de “ok, esto no… ¿entonces qué sí?”:
- Mordillos fríos (no congelados). Ayudan a aliviar la presión en las encías.
- Masaje suave de encías con un dedo limpio o gasa húmeda.
- Chupete, si la familia lo usa.
- Medicamentos analgésicos (ibuprofeno/paracetamol) solo indicados por el pediatra, con dosis según peso y edad.
- Mucho brazos, contención (para el bebé y la familia) y paciencia. La dentición es molesta, pero creeme es temporal.
¿Y si ya lo tengo comprado?
Decisión rápida y práctica:
- Podés usarlo como pulsera para vos.
- Podés guardarlo como recuerdo.
Lo que no tiene sentido es seguir asumiendo un riesgo serio solo porque “ya está comprado”.
No es ser “exagerada”. Es cuidar lo que más importa con información clara.

